Tiempo




Ajena a todo lo que le rodeaba, miró el reloj por quinta y última vez. Lo miró deseosa, con una mirada suplicante esperando que fuera su momento. Pero aquello no ocurrió. Los minutos seguían pasando galopantes sin siquiera detenerse ni un momento.

Una lágrima nació en uno de los ojos de la muchacha y esta, trazó una línea discontinua por su rostro. Segundos después, recogió su pelo rubio y liso en una cómoda coleta y se marchó de aquel parque donde el tiempo pasaba y no volvía. A su vez comprendió que aquello que anhelaba con tanta ansia no aparecería nunca y su corazón sufrió por ello.

Mucho tiempo después, cuando volvió a pasar por esa calle donde el amor la había abandonado, sonrió pues sus heridas ya no le dolían y su corazón se había vuelto un páramo frío y desolado. 




Ya no amaba.

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