Mirando a las estrellas





Todo se detuvo lentamente. Las piernas comenzaron a fallarme, mi sentido de la orientación se perdió por completo y sin darme cuenta, eché a correr sin mirar atrás. Sin preocuparme en qué dirección iba o qué atravesaba. Sin contemplar nada más que mi dura realidad.

Noté algunas lagrimas bajando por mi cara, atormentándome desde mis ojos hasta mi boca. El dolor que sentía en el pecho amenazaba con quebrarme el alma, con destruir todo aquello por lo que seguía en pie. Las imágenes se sucedían en mi cabeza una y otra vez, sin poder hacer nada para evitarlo.

Cuando me quise dar cuenta, era de noche, mi móvil no tenía batería, había perdido mi cartera y no sabía donde me encontraba. Pero nada de aquello me importaba. Me quedé sentada en un banco de un viejo parque. 

Allí pude llorar y gritar por la muerte de la única familia que me quedaba. Por la muerte de mi hermano mayor al que yo tanto adoraba. Grité su nombre incontables veces y lo maldije otras tantas por haberme abandonado a mi suerte, por haberse ido sin despedirse, por ya no estar y por que ya nunca iba a estar. 

Y allí estaba yo, sola con nada más que unos vaqueros y una fina blusa , en un lugar extraño sin siquiera saber que iba a ser de mí ahora. 


Allí estaba yo, mirando a las estrellas.

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