Otra vez él



Ayer soñé con él.

Con sus caricias, sus abrazos, su olor y su pasión.

Ayer me susurró al oído palabras tiernas que hicieron que mi corazón se estremeciera.

Ayer fue mío. Tan mío que podía besarle a placer, beber de su esencia y derretirme en sus brazos.

Sentí su cuerpo contra el mío, sus labios junto a los míos y ahora puedo jurar que no existe mayor gloria que esos besos. Allí se esconde el paraíso.

Pero ayer, a pesar de todo, solo soñé con él. Lo que viví tan solo fue un espejismo que mi corazón inventó por mí.

Tan solo fueron unos instantes en los que pude saborear el sabor de su piel.

Lo más triste fue cuando desperté.

Él ya no estaba junto a mí.




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